¿Cómo se lo conté a mi niña?

El motivo de plasmar aquí esta historia es el que comento en Menstruación sana. Espero que sea útil.

Así se lo conté por primera vez. Me podéis imaginar en el salón de mi casa, con papel y lápiz, haciendo dibujos de corazones, úteros, ovarios y trompas de Falopio :).

La mayor parte de lo que vamos a ver ya lo sabes, pero como cosas sueltas, por separado.

Son como piezas de un puzzle que encajan y al verlas juntas forman una imagen interesante.

En mi infancia me interesaba la práctica veterinaria. Cuando algo te gusta, aprendes mucho sobre el tema. Una sustancia que conocí fue la prostaglandina. En el arsenal del veterinario nunca faltaba.

Es sabido que hay dolores que no se deben tratar con medicamentos. Las agujetas, heridas varias, una china en el zapato… verás cómo actúan los anti-inflamatorios (AINEs), porqué y para qué. También, como medio chiste, que no tienen efectos secundarios y que ¡prolongan la vida!

Tenemos dos tipos de musculatura: La estriada que podemos activar a voluntad mediante impulsos nerviosos, como ejemplo es la que mueve el esqueleto. Y la lisa, que se activa involuntariamente, sin que podamos intervenir, como la del corazón o del estómago.

Para activar esta última el cuerpo dispone de la prostaglandina y del sistema nervioso autónomo.

En el, mal llamado, “dolor” premenstrual se cometen varios errores a causa del boca a boca, las modas y la auto-medicación.

Todo empieza cuando en un ovario, un ovocito madura. El óvulo se suelta en la correspondiente trompa uterina. Un dato curioso es que esos ovocitos son todos los que están y están todos los que son. No se producen nuevos y están ahí desde antes del nacimiento de esa mujer. Por tanto, como tú vienes de un óvulo, te empezaste a formar dentro del cuerpo de tu abuela materna.

Mientras esta maduración y ovulación tiene lugar, al final del largo túnel de Falopio, en el útero, donde caerá nuestro óvulo, tiene lugar un interesante proceso.

El útero es como una pequeña pera hueca de paredes duras y se está recubriendo por dentro de unas capas de células epiteliales que lo hacen blando y esponjoso, literalmente un colchón, una cama que se hace cada 28 días. Éste es el endometrio.

Después de unos 14 días el óvulo llega al útero. Si no está fecundado se desintegra en el endometrio. Ahora es el momento de “cambiar las sábanas” (y el colchón).

El útero no es de esas cavidades que tienen entrada y salida. No es tan fácil de limpiar.

Hemos dicho que las paredes eran duras, pero ¿de qué están hechas? ¡de músculo liso!

Ahora ya es más fácil. Sólo se tiene que producir algo de nuestra famosa prostaglandina que al provocar la contracción de esta musculatura la liberan de su contenido ¡así que funciona como un pequeño corazón! Eso sí, que late muy de vez en cuando. Lo hace básicamente en tres ocasiones que veremos luego.

De la despensa se toma alguna molécula de ácidos grasos, de algunas enzimas, entre ellas las ciclooxigenasas (COX) y ya tenemos la prostaglandina. Un laboratorio químico envidiable.

Pues ya estamos en nuestra menstruación, en el mal llamado primer sangrado, ya que de sangre hay un porcentaje muy pequeño, y en el mal llamado primer día del ciclo, pues hemos dicho que todo empieza con la ovulación, que ahora se nos va a quedar en el día 14 del ciclo.

Pues estos “latidos” del corazoncito, estas contracciones, por supuesto hacen que “otras cosas” se muevan por ahí dentro, en las proximidades del útero. Y eso se nota raro, es algo nuevo. Si notásemos el hambre por primera vez en la vida, ya de adultos, nos parecería un gran dolor.

Incluso el nervio ciático está cerca, por eso hay posturas del cuerpo que alivian las posibles molestias.

La prostaglandina (PG), aparte de provocar los movimientos del músculo liso (corazón, estómago, útero), interviene en otras tareas importantes, como los procesos inflamatorios y la secreción de la mucosa gástrica.

Hasta aquí todo claro, pero abramos un pequeño paréntesis para ver otra cosa.

El ibuprofeno, antiinflamatorio muy eficaz, funciona de forma pasmosamente simple. Mediante un proceso propio de la química esa que nadie quiere estudiar, inhibe las COX que decíamos antes, simplemente se combina con ellas para formar otra molécula. Y ya está, sin COX no hay PG.

Y sin PG, la inflamación y el dolor que ésta provoca se van…. Cuidado, ahora estoy hablando de lesiones y antiinflamatorios (AINEs), no del útero. Recuerda que estamos en este pequeño paréntesis.

De niños mi madre nos decía que si tomamos una aspirina (otro AINE), la deshiciésemos antes en agua, porque si caía entera en el estómago le podía causar una úlcera.

Bueno, tenía lógica, de hecho es un ácido (acetilsalicílico). Pero algo no cuadraba, ya que en aquel tiempo estudiábamos la digestión en el colegio. Entre los jugos gástricos hay principalmente ácido clorhídrico. Y yo conocía bien ese ácido, por el salfumán. Fue un pequeño misterio durante un tiempo, colocar una aspirina en la lengua no la quemaba, pero una gota de salfumán… bueno, eso no llegamos a probarlo.

La protección contra ácidos tan fuertes en el estómago es la mucosa gástrica. Y sin PG no habrá inflamación en las lesiones… pero tampoco mucosa en el estómago, de ahí que sus propios jugos le provoquen quemaduras.

Ahora vemos que el efecto de los AINEs es uno y muy primario (les gusta bailar con las COX). Ninguno secundario. ¡Pero sí daños colaterales! Llamarlos “efectos secundarios” me parece más bien un eufemismo. Sin PG el estómago se queda sin protección. Sin PG el corazón se ve afectado. Toda la musculatura lisa se ve afectada, incluso la del útero.

Incluso la del útero. Aquí cerramos ese pequeño paréntesis.

Todo esto te lo cuento porque recibirás (o ya recibes) multitud de consejos para las molestias premenstruales. Entre ellos y bombardeando continuamente desde Internet, en “páginas para adolescentes”, la toma indiscriminada de ibuprofeno o AINEs varios (por cierto, en mi época eran televisión y “Saldeva“). Mi reacción al verlo es echarme las manos a la cabeza.

El trabajo que hace el útero, te lo aseguro, es muy importante. Y ahora viene un simple test, una pregunta y dos opciones de respuesta:

¿Que sucede al meterme en el cuerpo 600 mg (¡¡¡!!!) de ibuprofeno?

A. Mi cerebro se va a “Los mundos de Yupi” y no se entera de que mi útero trabaja.

B. Mi útero no está realizando su sano trabajo.

(Os aseguro que escuchar su respuesta: “jajaja, ¡la B!” fue una bocanada de aire fresco, ya que hasta el momento sólo me observaba ojiplática).

Sabiendo esto, ante las molestias premenstruales ahora hay dos opciones, más libertad de elección:

Primera: “Amigo útero, tal vez estés haciendo algo importante para ti. Pero me estás molestando, así que te voy a dejar sin PG y ¡apáñate como puedas!”.

Segunda: “Ánimo campeón, que tú puedes, corazoncito. Yo te ayudo con masajes, calorcito y algo de ejercicio”.

Unos segundos de merecido relax, para dar tiempo a asimilar todo lo anterior… para ella y para mi, claro.

Y terminé con un par de puntos que quedaban por explicar a pesar de haberlo prometido más arriba.

Dije que este corazoncito (ya me permito llamarle así a ver si palia en algo la mala literatura que siempre ha tenido) late básicamente en tres ocasiones.

De la primera hemos estado hablando hasta ahora, para liberar el endometrio.

La segunda ocasión tiene lugar cuando se acerca el momento del parto. En este punto de la conversación (monólogo) sucedió algo gracioso, ella comentó: “pero esas contracciones son otra cosa diferente, ¿no?”. Bien, al menos seguía atenta. Mi respuesta fue: “piénsalo, las contracciones del útero no son otra cosa diferente de las contracciones del útero”. Su gesto era de estar conforme. Por cierto, para eso usan los veterinarios ¿recuerdas? la PG, para provocar un parto (y otras cosas parecidas).

Y bueno, la tercera casi la podemos adivinar al observar el nombre que le han puesto a la prostaglandina. No se complicaron mucho, ya que ésta se descubrió en el líquido seminal, pensando que era producida por la glándula prostática (“prosta” – “glandina”). La presencia de PG en el semen provoca unas contracciones en el útero que ayudan a aquel a ascender por las trompas y así fecundar al óvulo (con el cual empezó esta historia que por fin ha terminado).

¡Ay no! Queda otro punto: “El ibuprofeno alarga la vida” (por favor, tomadlo como un chiste, que si no, sería grave).

Si os parece lo dejamos para otro post. Seguramente lo agradeceréis.

Ahora sí, ¿te apetece compartir cómo se lo contaste tú? ¿o que te impidió hacerlo? ¡gracias!

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