De la teta a la jungla

O cómo pasar a ser adulto de la forma más suave y correcta posible.

El título de esto, en principio, iba a ser “Empezar a ser hombre“, pero el tema es lógicamente muy asexual.

Predije que este tema sería más fácil de escribir que el Empezar a ser mujer. ¡No ha sido así!.

Dejar de ser infante para pasar a ser adulto es espinoso.

Cuando hay separación con respecto al progenitor (que es lo más natural, al contrario, no habría emancipación y no estaríamos hablando de esto) suele haber un par de llantos a causa del cambio y nada más. Pero seríamos simplistas si nos quedáramos en eso. Pongámonos en la piel del que lo tiene más difícil: el más nuevo en el drama.

Voy a empezar por el principio (¡ay como me gusta esta perogrullada!)

En la prehistoria (bien, muy atrás, pero es un momento y además importante) no había infancia ¡no! Dicen en antropología que la infancia es un invento reciente. Y humano. En el resto del mundo animal, simplemente no existe. Eran (o éramos) adultos a los cinco o seis años de edad. Adultos pequeñitos, pero no niños.

El periodo de la niñez va emparejado al crecimiento del cerebro y la necesidad de nutrirlo de información.

Según iba creciendo el cerebro y su capacidad para retener información, se hacía más necesaria la convivencia con los padres, para poder asimilar todo lo aprendido por ellos y que tenían que transmitir a su prole.

Fíjate lo cara que salía la broma, el cerebro crecía y ¡la cabeza también!, claro. Ahora todos hemos sido bebés prematuros al nacer, para que la cabeza pueda caber por el cuello uterino antes de que sea demasiado grande. Si nos comparamos con el resto de animales, que están dando saltos a los minutos de haber nacido, que se pueden alimentar y buscar la teta sin ayuda… los humanos necesitamos estar en brazos de mamá durante meses. Y después ser niños durante años, aprendiendo de nuestros progenitores o del entorno.

Bien, se terminó la prehistoria, vamos a hablar de ti.

La forma primaria de agirl-826913_640prender en el ser humano y en todas las especies similares (o no tan similares) es la imitación. Imitando a progenitores, individuos cercanos o cualquier otro congénere (o no congénere, a falta de pan…). Imitar es la base de nuestro aprendizaje y es un instinto que perdura en nuestra vida.

Y si no lo ves claro:

Se manifiesta continuamente en la edad adulta. Fíjate en los pijos. La definición de pijo (no de la tribu urbana, sino esa persona que se muda a un barrio adinerado) incluye imitar el entorno que ha cambiado para ellos. Intentan imitar los modos y formas de su nuevo hábitat, pero se les nota, de ahí su forma peculiar de hablar o relacionarse.

black-320985_640Aun más en serio. Fíjate en la mente de un niño al que cambian de ambiente de forma drástica. Estaba aprendiendo por imitación de su entorno y éste cambia de golpe. Otras reglas y maneras que imitar. Si el cambio es más o menos suave no pasa nada. Pero si es demasiado brusco y hay diferencias notables en las reglas del juego… algo va a colisionar en su mente. Lo aprendido (que es sagrado) contra lo que está aprendiendo (que también lo es). La mente infantil no tiene recursos para discernir entre lo uno y lo otro (en psicología se ponen nombres varios a los trastornos que esto ocasiona).

Y aquí está el truco para tu “supervivencia”:

Si ves cómico el término supervivencia, dímelo dentro de unos años, te sorprenderás.

En tu mente hay algo que llamaremos capacidad de juicio y que resumo en pocas palabras.

Desde hace poco tiempo habrás notado un cambio en tu forma de tomar decisiones y relacionarte con tus progenitores, madre, padre… e incluso profesores o tutores. No te lo preguntaré, te lo digo yo: de alguna forma van dejando de ser un modelo a seguir.

Empiezas a ver cosas que parecían estar ocultas. Y lo estaban, porque el seguimiento tenía que ser ciego, no funcionaría de no serlo. La gente se refiere a ello como “he abierto los ojos“. En realidad se empieza a despertar una habilidad para analizar objetivamente el comportamiento de los demás que choca, colisiona con la necesidad de imitarles. (¡Bueno! ya tengo un trastorno bipolar).


Un pequeño ejemplo
es cuando la nena nota algo que no le gusta en mamá. Lo dice abiertamente, con sinceridad, o simplemente lo rechaza y deja de imitarlo. Inmediatamente surge un curioso conflicto. Algo que llaman “choque generacional“, supongo que por ponerle algún nombre. Como ninguna de las dos partes se entera mucho de lo que está pasando, no se lo puede explicar a la otra ni a si misma. Quiero dejar claro que no siempre es así, cuando hay información suficiente o un mínimo de inteligencia emocional ese “drama” no se produce.fig-257426_640

Y ya tenemos a la primera sumida en su aislamiento (y encima bipolar la pobre ¡es broma!) y a la segunda en su frustración (mi niña me perdió el respeto). Los japoneses casi envasan al vacío a sus adolescentes hasta que se van de casa, ¿parece broma? pues se acerca a la realidad.

Y este es todo el secreto del “truco”, ser consciente de lo que está pasando, de lo que acabas de leer. ¡Es que eres bipolar! (sigo de broma).

Lo más bonito, bromas aparte, es que este conocimiento sigue siendo útil toda la vida. Al cambiar de entorno, que es en lo que estábamos, tu instinto de imitar no se murió, sigue activo, por supuesto. Y entrará en conflicto con tu creciente habilidad para juzgar. Potencia y da prioridad a ésta, notarás que todo será más fácil.

silhouettes-616913_640Te estoy hablando de juzgar a los demás y esto necesita una aclaración, puesto que seguro te educaron para ser cortés y notarás algo “malo” en ello. Se trata de analizar, contrastar, formarte una opinión sobre su comportamiento o actitud y decidir si es imitable o no. Por ejemplo, si sabes algo sobre cine o percepción visual y ves que tus “compis” hacen vídeos con su “smartphone” en vertical… pocas ganas tendrás de imitarles. Ni que decir tiene sobre temas de salud o cosas más serias.

Citando al maestro Leonardo da Vinci, “los imitadores no merecen el nombre de hijos de la Naturaleza, sino nietos de ella” (es de memoria, no exacto).

Donde fueres, haz lo que vieres“, dice el refrán, pero, por favor, con inteligencia y conocimiento. Bien, ya no eres tan “bipolar” si leíste y asimilaste hasta aquí.

Y si algo no entendiste, somételo a tu juicio, consulta otras fuentes o pon un comentario abajo. Un abrazo de quien te quiere sin juzgarte.

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