Empezar a ser mujer

Algún día escribiré algo parecido con el título de “Empezar a ser hombre“, y será más fácil.

¿Por qué más fácil? porque en los tiempos que vivimos ser mujer es más difícil que ser hombre. En tiempos anteriores seguro que pasaba lo mismo, pero no me acuerdo, así que me centraré en los actuales.

Quienes habéis leído alguna cosilla mía sabéis que pienso más en temas antropomórficos, psicológicos y educativos que en los puramente socializadores. Primero conocerme, después relacionarme.

Lo de “primero conocerme” tiene tristemente sus dificultades. Ser mujer, hembra, fémina, niña, viene acompañado siempre de innumerables prejuicios  e información dañina que sería conveniente solventar.

Hay dos opciones posibles para afrontar la necesidad de información.

La primera, la de siempre desde que somos “sapiens”: de nuestros padres o ancestros. Me permitiréis incluir una cita (es de memoria, no exacta) de la serie “Los Simpson” (obra muy crítica con los comportamientos sociales):

  • homer-bart(Homer, el papá) Lo bueno de tener una niña es que no tienes que explicarle cómo funciona su cuerpo. ¡porque no lo sé ni yo!
  • (Bart) ¿Y a mi, me lo puedes explicar?
  • (Homer) Sí, ¡tú apunta y dispara!

O sea, que funciona siempre y cuando nuestros “Papis-Mamis” estén preparados y tengan ganas de enseñar y compartir.

La segunda, la más habitual hoy en día, de los medios de comunicación (televisión, Internet), a estos medios masivos les llamamos las niñeras modernas; antes de que fuesen tan “útiles”, cuando los niños se subían a los árboles o cazaban lagartijas y más cosas, sus progenitores se veían obligados a dedicarles más tiempo, aunque sólo fuese para curar rodillas peladas o gritar “¡no quiero ese bicho en casa!”.

Hasta aquí da la sensación de que no existe diferencia entre orientar a un niño para ser hombre o  a una niña para ser mujer. Pero fijémonos en cómo lo ven los medios y lo que hacen. Aprovechan el signo indicativo de pubertad más visible, más “traumático” (para desinformadas), más celebrado (en algunos folclores) y por supuesto, más femenino: la menstruación.

Pero lo aprovechan, a mi entender, para fines poco educativos y a veces dañinos. Por supuesto (y me perdonaréis, espero) estoy generalizando, lo hago porque el daño que se puede hacer con tantos consejos baratos y sin sentido, supera con creces las opiniones que yo pueda verter aquí.

Desde la menarquia (primera menstruación), o incluso antes, la niña ya está predispuesta y condicionada a que “algo le va a doler“. No es que vaya a sentir cambios naturales en su crecimiento. No. Sentirá unas molestias patológicas (disculpad la expresión). Y a partir de aquí, ya se sabe… una retahíla de remedios y soluciones, la mayoría farmacéuticos, los peores, pues están pensados y diseñados para paliar dolores traumáticos reales.

Parece que ahora sí se ve la diferencia con respecto a los varones (trataré también el tema, lo prometo), en este caso no reciben tanta propaganda sobre su “supuesto trauma de la pubertad”.

Termino con un par de reflexiones:

  1. -La menstruación no es una “anomalía femenina” (da risa tener que escribir esto en una sociedad avanzada), no intentemos “mitigarla” con drogas.
  2. La mujer que menstrúa no está maldita (esto da, tristemente, más risa aun), han corrido ríos de tinta sobre ese tema y hoy en día quedan secuelas sobre ello.

Recibid un abrazo de agradecimiento por leer hasta aquí y pensad (pensemos) en el futuro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s